En corto: hace dos días reuní al 1M Club, el grupo de alumnos de Ascensium Experience cuyas clínicas facturan más de un millón de euros. Casi cincuenta clínicas. Y al volver me he decidido a escribir algo que llevo tiempo callando porque suena fatal: soy el mejor consultor de clínicas dentales del mundo. No porque lo diga yo. Porque lo dicen sus números. Te explico qué significa eso, por qué lo escribo ahora y por qué, para entrar en ese club, ganar más no basta.
Empiezo por lo que pasó.
Lo que vi hace dos días
Tuve delante a casi cincuenta propietarios de clínica dental con una cosa en común: todos facturan más de un millón de euros al año.
Hace tres o cuatro años la mayoría no estaba ahí. Estaban en 400.000, en 500.000, en 700.000. Agotados, con el equipo preguntándoles todo y con la sensación de que la clínica era un sillón con un dueño pegado. Hoy están en el millón, en el millón y medio, alguno bastante más arriba. Muchos cruzaron la línea en menos de un año desde que empezaron a trabajar conmigo. La mayoría del resto, en menos de dos.
No fue un evento de aplausos. En el 1M Club se trabaja. Números en la mesa, decisiones de clínica grande, problemas que ya no son los de una clínica de 500.000 euros: segundo centro, socios, directores, estructura, impuestos, qué hacer con el dinero. Por eso existe como grupo aparte dentro de Ascensium Experience: porque una clínica de 1,5 millones tiene otras preguntas.
Lo cuento porque esa escena me puso delante algo que, con la boca pequeña, llevo tiempo pensando. Y como no me gusta la boca pequeña, lo escribo.
Muchos aplausos, muchas críticas y una pregunta que nadie contesta
Hoy hay mucha gente hablando de gestión dental. Coaches, mentores, dentistas que han montado su propio programa, agencias que se han vuelto consultoras. Algunos con muchos aplausos. Otros, criticándome a mí.
Me parece normal. Soy el que más se expone.
Publico cada semana. He puesto el precio negro sobre blanco. Publico casos con nombre y cifras. Escribo sobre los alumnos que no lo consiguen. Me han llamado el gurú de internet, me han preguntado con retintín qué sabía yo de clínicas dentales, me han copiado el embudo entero. El que más se expone es el que más se lleva. No me quejo: va en el precio.
Pero cuando baja el ruido queda una pregunta que todos rodean y nadie contesta en público.
¿Y quién es el mejor?
Yo. Y te explico por qué me atrevo a decirlo
Yo.
Y no lo digo por ego, aunque entiendo que lo parezca. Lo digo porque la pregunta tiene una respuesta medible, y la medida no soy yo.
Un consultor no se mide por lo que sabe. Ni por lo bien que habla en un escenario. Ni por los seguidores, ni por los aplausos, ni por lo bonito que es su programa. Un consultor se mide por una sola cosa: lo que consiguen las personas que le escuchan.
Es la misma regla que aplicas tú con un implantólogo. No te importa cuántos cursos ha dado ni cuántos congresos ha presidido. Te importa cuántos implantes lleva diez años en boca sin problemas. Lo demás es conversación.
Con esa regla, la pregunta deja de ser «quién habla mejor de gestión» y pasa a ser otra:
¿Cuántos de los que hablan de gestión dental han llevado a casi cincuenta clínicas por encima del millón de euros, en muchos casos en menos de un año y en los demás en menos de dos?
Yo no conozco a ninguno. Y si lo hay, me encantaría conocerle: ojalá tuviera un competidor de mi tamaño. Que enseñe la lista. Yo enseño la mía, con nombres, en ascensium.es/1m-club.
Ojo, que esto no es «mi mejor caso». Un caso lo tiene cualquiera. Un caso es una anécdota, y las anécdotas no demuestran nada: pudo ser el dueño, la zona, la suerte, el año. Cincuenta clínicas con trayectorias distintas, en ciudades distintas, con dueños distintos, que llegan al mismo sitio siguiendo el mismo método... eso ya no es una anécdota. Eso es un patrón. Y un patrón repetido es la única prueba que existe de que algo funciona.
El mejor no es el que mejor habla de gestión. Es aquel cuyos alumnos tienen las mejores clínicas. Y punto.
Y no son los únicos
Lo más interesante del 1M Club no son las cincuenta clínicas que ya están dentro. Es lo que viene detrás.
Hoy trabajo con más de 450 clínicas en diez países. Y la franja que más crece no es la de arriba: es la que está entre 700.000 y el millón. Clínicas que hace dos años estaban en el mismo sitio en el que probablemente estás tú y que ya tienen la trayectoria dibujada. Cada año entran más en esas cifras. Lo que en 2019 era una rareza que celebrábamos con el grupo entero, hoy es una cola de espera.
Eso tiene una lectura que me importa más que el titular: el millón ha dejado de ser un golpe de suerte y se ha convertido en un camino repetible. Si una cosa la consigue uno, es talento. Si la consiguen cincuenta siguiendo los mismos pasos, es método. Y el método ya lo he contado muchas veces: sistemas, personas y dinero, y lo que hacen distinto las clínicas del millón.
Y no, no lo consigue todo el mundo. Hay quien entra, no ejecuta y sale igual que entró. Lo he escrito con todas las letras y lo repito aquí para que nadie me acuse de enseñar solo la foto buena. Pero la foto buena existe, tiene casi cincuenta caras y se puede comprobar.
Para estar en el 1M Club no basta con ganar más
Y aquí viene lo que menos gente entiende del club. Facturar un millón de euros no te mete dentro.
Hay clínicas de un millón que no son clínicas del millón. Son un dentista del millón: el dueño cincuenta horas en el sillón, sin vacaciones desde hace tres años, el equipo esperándole en la puerta del gabinete para preguntarle cualquier cosa, el móvil sonando en la cena. Facturan mucho. Y son una cárcel más grande que la que tenían en 500.000. Han comprado más jaula con el mismo barrote.
Eso no es un éxito. Es el mismo problema con más ceros.
Por eso en el 1M Club miramos dos números, no uno. El primero es la facturación. El segundo, el que de verdad separa a una clínica de un autónomo caro, son las horas del dueño. Para estar dentro, el propietario tiene que haber bajado sus horas de sillón mientras la clínica subía. Más dinero y menos horas. Las dos cosas a la vez, o no cuenta.
Dos clínicas de un millón. La primera factura 1,05 millones con el dueño en cuatro gabinetes, seis días a la semana, firmando cada presupuesto y revisando cada caja. Si enferma dos semanas, la clínica pierde 40.000 euros. La segunda factura 1,1 millones con el dueño tres días en el sillón y uno dirigiendo; una coordinadora cierra los presupuestos, un responsable lleva la agenda y los números se revisan en una reunión semanal de 45 minutos. Si el dueño se va un mes, la clínica no se entera.
Las dos son «clínicas de un millón». Solo la segunda es una clínica del millón. Solo la segunda entra en el club.
Y esta es, por cierto, la parte que mejor demuestra que detrás hay método y no suerte. Facturar más se puede conseguir a base de echar horas: cualquier dentista con manos y sin vida puede estirar la cifra. Facturar más trabajando menos solo se consigue de una manera: con un sistema que funcione sin ti, un equipo con criterio y un dueño que ha aprendido a dirigir. Eso no sale por casualidad. Eso se construye, y se enseña.
Un alumno que pasa de 46 a 26 horas semanales y factura más no ha tenido suerte. Ha hecho el trabajo. Y el trabajo tiene un orden que yo llevo años afinando con cientos de clínicas delante. Esa es la diferencia entre un consejo y un método.
Lo que te pido a cambio de decirlo
Decir «soy el mejor» tiene un precio, y lo asumo: me obliga a demostrarlo cada año, con una lista más larga que la del anterior. Si dentro de un año el 1M Club tiene las mismas cincuenta clínicas, este artículo me lo tendrás que recordar. Me parece justo.
A cambio, te pido una cosa. Juzga a todo el mundo con la misma regla. A mí el primero.
Cuando alguien te hable de gestión dental, no le preguntes qué sabe. Pregúntale a cuántos les ha ido bien con lo que enseña, en cuánto tiempo y con qué cifras. Pídele nombres. Pídele trayectoria. Y pregúntale cuántas horas trabajan hoy sus alumnos, porque facturar más a costa de vivir peor no es un resultado, es una trampa.
Si te responde con adjetivos, ya tienes tu respuesta.
Y a los que me critican, con todo el respeto: no me respondáis con adjetivos tampoco. Respondedme con vuestra lista. El día que alguien ponga encima de la mesa cincuenta clínicas por encima del millón con sus dueños trabajando menos, me alegraré de verdad, porque significará que el sector tiene por fin dos personas que lo hacen bien.
Mientras tanto, la respuesta a la pregunta es la que es. Y no la doy yo. La dan ellos.
Si quieres ver con tus ojos qué hacen distinto esas clínicas, mira la lista del 1M Club. Si quieres entender el método con el que llegaron, empieza por la clase gratuita de 120 minutos. Y si ya sabes que tu clínica tiene que ser la siguiente, ahí está Ascensium Experience.
Seguimos.
Hugo