En corto: En 2018 dirigía un máster presencial para propietarios de clínica dental. Y funcionaba. Aun así lo cerré, por cuatro razones que no se ven desde el folleto: el calendario mandaba sobre la clínica, los días fuera del sillón no estaban en la ecuación, terminaba justo cuando empezaba lo difícil y el diploma no movía la caja. Te lo cuento por dentro, y te dejo las preguntas que yo haría antes de matricularme en uno.

Sevilla, 2018. Una sala con veintidós propietarios de clínica dentro, café desde las nueve y una pizarra que no daba abasto.

Aquello era un máster presencial de dirección de clínicas dentales. Y era mío.

Y funcionaba. Quiero empezar por ahí porque lo que voy a contar después se malinterpreta muy rápido.

Funcionaba de verdad. Gente que llevaba años dirigiendo en soledad, firmando nóminas sin nadie con quien contrastar, se sentaba una vez al mes con otros veintiuno que estaban exactamente en su mismo sitio. Ahí pasaban cosas que no pasan por videollamada. Se compartían proveedores, se compartían despidos mal hechos, salieron sociedades entre ellos que siguen vivas hoy. Y el hecho de tener el calendario cerrado con dos días bloqueados obligaba a sentarse a trabajar en el negocio a quien nunca se sentaba... porque si no te obligan, no te sientas. Eso también hay que decirlo.

Aún tengo el WhatsApp de aquella promoción. Sigue activo.

Entonces por qué lo cerré.


El calendario mandaba sobre la clínica

El módulo de conversión de primeras visitas caía en primavera. Estaba bien puesto, tenía su lógica académica.

El problema es que Manolo —lo llamo así, es ilustrativo— se sentaba en octubre y ya me decía que estaba perdiendo la mitad de los presupuestos grandes. Y yo tenía que decirle que eso lo veíamos en marzo.

En marzo.

Cinco meses de presupuestos cayéndose mientras avanzábamos por el temario en orden. Y el temario iba bien, ojo, el orden era correcto... para una clínica media que no existe. Porque las clínicas no rompen por el mismo sitio ni en el mismo momento. Una tiene un agujero en la primera visita, otra tiene la agenda llena y el margen en el suelo, otra tiene un equipo que se le está yendo... y todas estaban en la misma sala escuchando lo mismo el mismo día.

Yo daba un temario. Ellos necesitaban un orden propio.

Los kilómetros

Dos días al mes durante nueve meses son dieciocho días fuera de la clínica.

Haz tú la cuenta con lo que produces al día en sillón. Yo la hice con ellos y ninguno la había hecho antes de matricularse. Súmale los desplazamientos... porque los que venían de Galicia o de Canarias no venían dos días, venían tres.

Ese coste no lo pone nadie en el folleto y es la parte grande de la factura.

Puede compensar perfectamente. Si la matrícula te devuelve varias veces eso, compensa. Pero tiene que estar en la ecuación desde el principio, y no lo estaba.

Terminaba

Nueve meses y fin de programa. Foto, diploma, abrazo.

Y el negocio seguía.

El segundo año es donde se juega casi todo, porque ahí es donde la estructura que montaste se pone a prueba de verdad... se te va la persona clave, abre una franquicia a trescientos metros, sube el laboratorio. Justo en ese momento es cuando el propietario se queda solo otra vez, y con estructura a medio asentar.

Nosotros nos despedíamos en julio. Y ya la hemos liado, porque en julio ninguna clínica ha terminado nada.

El diploma no movía la caja

Esto lo digo con cariño hacia mí mismo de entonces.

Le pusimos trabajo de fin de máster. Presentaciones. Un certificado bonito.

Y no encontré nunca la relación entre eso y el margen de nadie. Ninguno de aquellos veintidós ha usado jamás ese papel para nada. Ninguno lo tiene colgado. Lo que sí cambió la caja fue otra cosa... que alguien les pidiera cuentas de un número concreto cada pocas semanas y les preguntara por qué no habían hecho lo que dijeron que iban a hacer.

Eso no lo hace un examen final. Lo hace el seguimiento.


Lo que hice después

Cerré el máster y monté lo contrario en las cosas que importaban, manteniendo lo bueno.

Mantuve la sala, porque la sala era lo mejor que tenía aquello. Seguimos viéndonos en persona, con un formato que no obliga a nadie a cerrar la agenda dieciocho días al año.

Y cambié tres cosas.

El orden lo marca el diagnóstico de cada clínica, no el calendario. Si tu agujero está en el cierre de presupuestos, empezamos por ahí aunque sea tu primera semana.

Hay rendición de cuentas periódica sobre tus cifras, no una evaluación al final. Y no acaba en julio.

Y el que entra se queda dentro de una comunidad de propietarios que sigue después, que hoy son más de cuatrocientos treinta en diez países. Aquella sala de Sevilla eran veintidós.

La prueba

Los números de esto son fáciles de comprobar y los pongo tal cual.

De aquellas veintidós clínicas de 2018, dieciocho están hoy dentro de Ascensium Experience. Ocho años después.

Las cuatro que faltan se jubilaron. El año que viene se nos van tres más, también por jubilación, y esas despedidas las celebro... porque un propietario que vende o cierra en condiciones y se va a vivir es exactamente el final que trabajamos.

No conozco mejor dato que ese para juzgar un programa. No cuántos entran. Cuántos siguen.

Y si aun así quieres el máster presencial

Hoy existen opciones parecidas a lo que yo tenía. Buenas, algunas.

Si tu problema principal es que estás solo, que eres el único de tu entorno que sabe lo que es firmar nóminas y quieres una sala con gente igual que tú una vez al mes... ve. En serio, ve. Aquello lo hacía bien y lo sigue haciendo bien quien lo hace.

Y si sabes de ti que sin un calendario obligatorio no te sientas nunca a trabajar en el negocio, el formato presencial fijo es un mecanismo de compromiso que funciona.

Pero antes de firmar, haz varias preguntas en la sesión informativa y quédate con las respuestas por escrito. Cada cuántas semanas alguien revisa tus cifras contigo, una a una. Qué pasa el mes siguiente al último módulo, y cuánto cuesta. Quién de los que van a enseñarte está viendo clínicas por dentro este año. Y cuántos de la promoción anterior siguen ahí... no cuántos se matricularon.

Esas mismas preguntas nos las puedes hacer a nosotros. De hecho, hazlas.


Lo que yo haría esta semana

Abre tu cuenta de resultados de los últimos tres meses y saca dos números. Lo que produces de media al día tú en sillón. Y el porcentaje de presupuestos de más de tres mil euros que se te han caído.

Con esos dos números encima de la mesa ya puedes decidir cualquier cosa... el máster, la mentoría o ninguna de las dos.

Y si quieres que esos dos números los miremos juntos, te espero en la clase gratuita de 120 minutos. Y si quieres trabajarlo en serio, está Ascensium Experience.

Seguimos.
Hugo