En corto: la contratación es la decisión que más cara sale en una clínica, y casi todos contratan igual de mal: con prisa, tarde, por currículum o por simpatía, y sin haber definido antes qué se espera de ese puesto. No es un problema de mala suerte con las personas. Es un problema de método. Y el método se aprende.
Hace unos meses entré a hacer consultoría en una clínica de Murcia que facturaba alrededor de 1,2 millones de euros y que tenía un agujero raro: la recepción rotaba cada pocos meses. Tres caras nuevas en año y medio. El propietario me lo soltó resignado: "Es que ya no hay gente que quiera trabajar, Hugo." Le pedí ver cómo había contratado a las tres últimas. Y la respuesta lo explicaba todo: las tres salieron de un anuncio publicado en caliente, un viernes desbordado, eligiendo "a la que mejor me cayó en la entrevista". No tenían un mal equipo. Tenían un mal proceso.
El problema no eran las personas. Era quién las elegía y cómo.
Por qué la contratación es la decisión más cara
Día a día veo cómo un propietario calcula al céntimo lo que cuesta un escáner intraoral y, en cambio, ficha a una persona en veinte minutos sin pestañear. Y una mala contratación cuesta muchísimo más que cualquier equipo que compres.
Piénsalo sin emoción. Una persona que no encaja se lleva por delante el sueldo de los meses que aguanta, el tiempo de formación que invertís, los pacientes que se llevan una mala primera visita, los huecos que deja al irse y la energía del equipo, que se quema sosteniendo lo que el otro no hace. Eso no aparece en ninguna nómina, pero lo pagas igual. Y cuando rota, vuelves a empezar de cero.
Te lo digo claro porque lo viví en mi consultora: llegué a tener veinte personas y tuve que prescindir del 80%. No porque fueran malas, sino porque las contraté para una empresa que existía en mi cabeza, no para la que tenía delante. Fiché por afinidad, por prisa y por intuición. Y la intuición, sin método, es solo una corazonada bien vestida.
Por qué casi todos contratan mal (y por las mismas razones)
Cuando reviso un proceso de selección que ha salido mal, casi siempre fallan las mismas cuatro cosas, y casi siempre en este orden:
- Con prisa y tarde. Se contrata cuando ya estás desbordado, así que cualquier persona "que respire" parece la solución. Si fichas para apagar un fuego, fichas mal.
- Por currículum o por afinidad. Un buen CV demuestra que esa persona supo construir un CV. Y "me cayó genial" demuestra que sabe gustar en una entrevista. Ninguna de las dos cosas te dice si hará bien el trabajo.
- Sin haber definido el puesto. Se abre el proceso sin tener escrito qué se espera de esa persona ni qué resultados debe entregar. Si tú no sabes qué buscas, no lo vas a encontrar.
- Sin periodo de prueba con objetivos. El periodo de prueba existe por ley, pero casi nadie lo usa como lo que es: una ventana para confirmar el encaje con datos antes de que sea tarde.
No es mala suerte. Es contratar desde la urgencia en vez de desde un sistema. Y la diferencia entre una clínica que rota y una que no rota casi nunca está en el mercado laboral. Está en el proceso.
El proceso que sí funciona, en cinco pasos
Esto es lo que monto en las clínicas con las que trabajo cuando la rotación se les ha vuelto crónica. No es magia. Es método y datos.
- Define el puesto y los resultados antes de publicar nada. Antes de escribir un solo anuncio, escribe los 3 o 4 resultados que esperas de esa persona a los seis meses. No tareas ("atender el teléfono"), sino resultados ("que ninguna primera visita se quede sin agendar"). Si no sabes qué resultado buscas, no estás contratando, estás rezando.
- Criba estructurada: las mismas preguntas a todos. Prepara un guion de entrevista idéntico para cada candidato y puntúa las respuestas. Cuando preguntas distinto a cada uno, no estás comparando personas, estás comparando tus simpatías. La estructura es lo que te protege de tu propio sesgo.
- Prueba situacional real, no solo entrevista. Ponle delante un caso concreto de tu clínica. A una recepcionista, un paciente enfadado por una espera. A una auxiliar, montar un gabinete contrarreloj. Hablar bien en una silla es fácil; resolver de verdad, no. La prueba te enseña en treinta minutos lo que tres entrevistas te esconden.
- Periodo de prueba con objetivos medibles y revisión a 30/60/90 días. Define qué tiene que estar consiguiendo a los 30, a los 60 y a los 90 días, y siéntate a revisarlo en cada hito. Así el encaje se confirma con hechos, no con la sensación de "creo que va bien". Y si no encaja, lo sabes a tiempo.
- Onboarding que no sea "ponte ahí y mira". La rotación muchas veces no nace en la selección, nace en la primera semana. Dejar a alguien aprendiendo por imitación, sin guion ni responsable, es la forma más cara de quemar a un buen fichaje. Un onboarding ordenado convierte a un candidato prometedor en alguien productivo.
Cinco pasos. Ni uno más. Y fíjate que cuatro de los cinco ocurren antes de que la persona pise tu clínica. Siempre les digo a mis clientes lo mismo: el encaje no se descubre, se diseña.
Los errores que arruinan un buen proceso
Aunque montes los cinco pasos, hay cuatro tentaciones que lo echan abajo. Las he visto todas:
- Saltarte la prueba "porque me dio muy buena impresión". Esa buena impresión es exactamente lo que la prueba existe para verificar. Si la saltas, vuelves a contratar por afinidad.
- Usar el periodo de prueba solo como decorado. Si no defines objetivos ni revisas en los hitos, el periodo de prueba no te protege de nada. Es un seguro que no contrataste.
- Decidir tú solo. Quien va a trabajar codo con codo con esa persona debe estar en la decisión. El equipo detecta el encaje mejor que tú desde el despacho.
- Confundir "buena persona" con "buen encaje". Puede ser encantadora y no servir para ese puesto. El cariño no rellena un hueco de competencia, y mantener a alguien por pena le hace daño a todos, también a esa persona.
Aquí conviene aprender de mis cicatrices: ya conté cómo perdí a mi mejor asociado por errores que fueron míos, y casi todos empezaron antes de contratar, en no haber dejado claro el encaje desde el principio.
Cómo arrancar esto en tu próxima contratación
No esperes a tener un departamento de recursos humanos ni un software de selección. Empieza con lo que tienes en la próxima vacante:
- Escribe los 3 resultados del puesto antes de publicar el anuncio. En una hoja, a mano si hace falta. Si no eres capaz de escribirlos, todavía no sabes a quién buscas.
- Prepara una prueba situacional con un caso real de tu clínica. Diez minutos de algo que esa persona hará de verdad. Te dirá más que cuarenta minutos de conversación.
- Pon objetivos al periodo de prueba y agenda las revisiones a 30, 60 y 90 días. Antes de que entre. Así diriges el encaje en lugar de cruzar los dedos.
Contratar bien es lento y es caro. Cuesta tiempo, cuesta método y cuesta decir que no a candidatos que casi valen. Pero contratar mal cuesta muchísimo más: cuesta la rotación, cuesta los pacientes y cuesta el equipo que se queda. Si te interesa lo que viene después de fichar bien, esto conecta con cómo liderar sin convertirte en el jefe temido, porque un buen fichaje mal liderado también se acaba yendo.
No es magia. Es método y datos. El mismo que ha funcionado en más de 287 clínicas en consultoría directa y más de 400 en el programa de mentoría.
No tienes un problema de personas. Tienes un proceso que decide por simpatía y luego le echa la culpa al mercado. Cámbialo, y la rotación se cura sola.
¿Quieres montar un proceso de selección que deje de rotar a tu equipo? Te lo enseño en la clase gratuita de 120 minutos o, paso a paso, en Ascensium Experience.
Seguimos.
Hugo